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Astrología, Signos

Elementos, la división por 3

Los signos del firmamento
tienen su naturaleza
a cada uno su destreza
por respectivo elemento.
También muestran complemento
de aquí a la eternidad
definen polaridad
agua y tierra femeninos
aire y fuego masculinos
son como el Ying y el Yang.

(Extraído del material del curso Astrología Elemental)

El Fuego, el Agua, el Aire y la Tierra se eslabonan en un relato paralelo al de los dinamismos, conformando un esquema procesal aplicable a la historia universal y a nuestra propia biografía. La clasificación por elementos, es complementaria a los dinamismos y nos permite diferenciarlos completamente a cada signo, ya que cada uno de ellos tiene una combinación única entre dinamismo y elemento.

Debemos recordar que si bien en occidente la división de los cuatro elementos nos parece una conclusión lógica de la observación de la naturaleza, otras culturas han desarrollado modelos distintos, por ejemplo en China coinciden en el fuego, el agua y la tierra, sin embargo excluye al aire e incorporan la madera y el metal, completando un total de cinco elementos.

La clasificación que usamos en la astrología moderna proviene de la tradición alquimista, cuyas raíces se remontan hasta la India. Desde esta concepción tenemos dos elementos primarios, el Agua y el Fuego de cuya combinación emergen los elementos secundarios, la Tierra y el Aire. El Agua es considerada un elemento de polaridad femenina, que se representa con el triángulo hacia abajo, mientras que la polaridad del Fuego es masculina, representada con el triángulo hacia arriba. La fusión de estas polaridades se refleja en la estrella de seis puntas de la cual emergen los elementos secundarios, nuevamente en polaridad, La Tierra femenina y el Aire masculino, lo que también se representa en la orientación de los triángulos de sus respectivos glifos.

Cada uno de los cuadrantes zodiacales que vivenciamos con las estaciones del año solar, tiene su inicio en el grado cero de un signo cardinal y cada uno de ellos es de un elemento distinto: El otoño comienza en el punto cero de Aries, signo cardinal de fuego; el invierno con Cáncer, cardinal de agua; la primavera con Libra, cardinal de Aire y el verano con Capricornio, el cardinal de tierra (en el hemisferio Sur).

Mientras los tres dinamismos siguen un orden predeterminado (cardinal, fijo y mutable) completando cuatro iteraciones, los cuatro elementos alcanzan a completar tres iteraciones repitiendo la sucesión: Fuego, Agua, Aire y Tierra. Debido a esto es que nos encontraremos que en cada cuadrante los elementos se van moviendo de posición dinámica, formando los cuatro triángulo de la rueda horoscópica y dejando a cada cuadrante carente de un elemento. Esto nos ayuda entender las diferencias que observamos en cada estación.

Ya vimos que el primer cuadrante comienza con el cardinal de fuego (Aries), en el segundo cuadrante el fijo es Leo, en el tercero el mutable es Sagitario y en el cuarto no hay signos de fuego. Mientras en el primer cuadrante no encontramos signos de agua, el segundo es iniciado por el cardinal Cáncer, en el tercero Escorpio asume la posición de signo fijo y en el cuarto Piscis es el mutable. Libra, el cardinal de aire, da el inicio del tercer cuadrante, Acuario ocupa la posición fija en el cuarto, mientras el mutable Géminis se encuentra en el primero, quedando el segundo cuadrante sin signo de Aire. Finalmente Capricornio como cardinal de tierra comienza el último cuadrante, el fijo Tauro está en el primero y el mutable Virgo en el segundo, quedando el tercero sin signo de tierra.

La astrología tiene su origen en el hemisferio norte, donde habita más del 85% de la población mundial, razón que se usa de argumento para justificar que el año nuevo astrológico se haya fijado en el punto cero de Aries, el equinoccio de primavera, estación en que la naturaleza florece y las inclemencias climáticas decaen. La historia que se traza desde aquí nos habla de un génesis ígneo con el primaveral, fecundo y masculino Aries, seguido por verano marcado por la acuática emocionalidad femenina de Cáncer, de la que emerge el masculino ciclo librano de sociabilidad otoñal, para terminar con el invernal materialismo femenino capricorniano, al que se le achacaban todos los males. Sin embargo, nosotros vivimos en el hemisferio Sur.

En sudamérica, distintos pueblos originarios coincidieron en fijar el año nuevo en el solsticio vernal, por lo tanto la historia comienza desde lo femenino en el Agua de Cáncer, representando la matriz primordial de la que emergen todas las formas, la protección del útero materno, período oscuro del cual nacemos a la primavera eólica de Libra, momento en que, a partir de un masculino desarrollo intelectual, nos lanzamos al encuentro con los demás, con quienes construiremos la obra material que construiremos para alzarla al Sol en el verano capricorniano, para llevarnos, finalmente, a encontrarnos con nuestro fuego interior en el otoño ariano.

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