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Magia, Cine

Cine: Branded (2012)

Uno de los principales referentes cinematográficos sobre Magia de los últimos tiempos. La magia del márkenting nunca fue entendida de una forma tan literal como en esta película rusa, que tiene un corte muy Hollywood.

Tuve la suerte de encontrar una referencia a esta película por internet, un sábado en la tarde en que no tenía nada para ver así que me dispuse a disfrutarla inmediatamente, sin siquiera haber visto el afiche.

Al primer tercio de la película ya me había involucrado con la trama, al más puro estilo del Lobo de Wall Street, ambientada en la capital rusa, durante la transición desde el socialismo al capitalismo, en el momento en que empiezan a llegar las grandes marcas transnacionales a Moscú y sus estrategias de márketing. Había olvidado que la estaba viendo por su tratamiento ocultista.

Entonces el giro de la trama, gatillado por una epifanía ritual dictada por canalización onírica, me dejó descolocado, con cara de meme. No entendí lo que estaba pansado, ni avisoré lo que podría suponer cualquiera que viese el afiche o la sinopsis. Son cosas de las expectativas.

De ahí en adelante la trama discurre, sin mencionarlo, en un marco de referencia coherente con el de ciertas visiones mágicas contemporáneas, que corresponden las grandes corporaciones transnacionales con los antiguos demonios, como en una teología comercial de entidades vampíricas que se alimentan de nuestro deseo de consumo, que a su vez alimentan, por dar un ejemplo, al gran egregor de McDonals, los arcos dorados de Mammon.

Otra forma de entenderlo, es observar que en el devenir histórico de la humanidad, hemos ido desarrollando un sistema social que ha evolucionado hasta nuestros días, debido al cual podemos experimentar la existencia de estas entidades organizacionales, invisibles y carentes de carne, pero capaces de determinar el curso de nuestro vivir, como puede ser la Justicia o el Ejército.

Si bien la película se limita, de modo espectacular, a aplicar este modo de observación al márketing, es decir, a la obsevación como entidad vampírica del deseo de consumo de productos comerciales, podemos aplicarla a otras estructuras sociales, más grandes y más antiguas.

En lo que se equivoca la película, es en que si bien hay una pléyade de grupos de poder que tratan de coordinan las acciones de sus respectivas entidades organizacionales en el operar táctico, aprovechando las oportunidades que emergen, no hay ningún grupo humano capaz de controlar la totalidad de variables intervinientes en el nicho ecológico en el que subsisten.

No existe esa camarilla malévola de poderosos a la cual fijar de faro para toda la violencia de nuestra revolución, las personas que ocupan los cargos de las organizaciones son tan desechables como los jugadores que son despedidos de un equipo de fútbol o como las uñas que nos cortamos de los piés. Ojalá las cosas fueran como en el cine.

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