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Magia

Desideráctica del Acto Mágico

El propósito es esencial en el diseño y análisis de todo acto mágico, es la expresión de la estructura de expectativas que da sentido a la operación, y según la cual se especializan funcionalmente, de ahí que tengamos, entre otros, rituales de iniciación y de iluminación, conjuros de amor y maldición, invocaciones y evocaciones, etc. todos estos tipos de actos mágicos organizan y coordinan su forma estructural dependiendo del propósito que les atribuye sentido.

Tiempo

El propósito es un punto arbitrario que fijamos en el futuro, un punto que emerge como intersección de un conjunto de variables que tenemos la expectativa de que tomen un determinado valor, en caso contrario habremos fracasado. Cuando el jugador “canta la bola” en el pool, el cumplimiento de su voluntad se manifiesta en el momento que la bola que anunció entra en la buchaca que predijo; quién inicia una dieta fracasará si la balanza no entrega los resultados esperados, pero también si nadie nota el cambio; para que el estudiante se titule debe conseguir la nota de aprobación en cada una de las asignaturas, además de pagar el respectivo arancel, etc.

El propósito es siempre un punto lanzado hacia el futuro. No nos fijamos metas en el pasado, porque no tenemos capacidad de cambiar lo que está procesado como parte de las cosas que ya pasaron. Incluso si viajáramos en la máquina tiempo, nuestro propósito siempre estaría en el futuro. El pasado es observado como aquello cuyas variables son conocidas, todos sabemos como estuvo el tiempo ayer y si salimos con la ropa adecuada o no. El futuro es el medio desde donde emerge la incertidumbre.

Deseo

Solo de la observación de la incertidumbre emerge el deseo, ya que si tuviésemos la certeza de que las cosas ocurrirán siempre de forma satisfactoria, el deseo no tendría significado, bastaría con esperar la llegada del placer. Una consciencia que no experimenta deseo no tiene propósito. El deseo dibuja un límite sobre el lienzo amorfo de las alternativas de futuros posibles, una determinada configuración de variables distinta a la presente que el observador valora como mejor que la actual, los deseos conforman la estructura estética que orienta sus selecciones de sentido.

Objetivos

Antes de continuar, cierra los ojos y ejecuta el ejercicio reflexivo de listar la mayor cantidad de deseos que tengas, desde los mundanos caprichos hasta las trascendentes utopías.

Deseamos muchas cosas, pero no todos los deseos son iguales. Hay algunos que no nos atrevemos a confesar, están los que que tememos que se hagan realidad, los que podemos satisfacer abriendo el refrigerador, otros humildemente mundanos, otros que podríamos satisfacer, pero el esfuerzo que requiere no vale el botín, otros que estamos resignados a verlos fracasar, están también los que quisiésemos olvidar, etc. todos se mantienen en lo potencial hasta que el observador selecciona uno y lo convierte en objetivo, ya sea hacer realidad su sueño de la dominación mundial o el objetivo de satisfacer el deseo de ir al baño.

Tenemos objetivos en todos lados, están los objetivos pedagógicos de los planes de estudio, los de las rendiciones de cuentas de las instituciones públicas y privadas, los sublimes objetivos de los prohombres, los objetivos deportivos, los objetivos personales, los objetivos de producción industrial, los objetivos de las investigaciones científicas, etc. En todos los casos, los objetivos son las estructuras de expectativas que orientan la operación del sistema en el que se observan, es lo que permite la emergencia de su forma estructural. Pero no podemos encargarnos simultáneamente de todos los objetivos, no puedo seguir escribiendo y a la vez ir al baño a satisfacer mis necesidades biológicas.

Voluntad

La observación de un propósito es condición de emergencia para la voluntad, la cual observamos en la evaluación de efectividad de las acciones que ejecutamos para cumplir el objetivo que satisfacerá el deseo, pero, para que el éxito exista, requiere de la posibilidad de fracaso como condición de emergencia, ya que si no existe posibilidad de fracaso, el éxito carece de sentido, es decir, la voluntad es una forma de procesar la experiencia a través del código éxito/fracaso o, para ser más exactos éxito/no-éxito o fracaso/no-fracaso. Dependiendo a que lado de la distinción posicionamos los fenómenos que observamos, evaluamos la voluntad de quién se ha fijado el propósito, en otras palabras, solo construimos objetivos donde prevemos el fracaso.

Sin embargo el futuro sigue siendo incierto, el propósito no desvanece la incertidumbre, solo nos permite gestionarla, ya que somos conscientes de la certeza del cambio, es decir que lo único que podemos afirmar a ciencia cierta del futuro (cuando se cumplirá el objetivo), es que las cosas serán distintas al presente y al pasado. Aunque repitiéramos con exactitud todas las acciones del día de ayer, nuestra experiencia sería completamente distinta por el solo conocimiento de que ya lo vivimos.

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