Create a Joomla website with Joomla Templates. These Joomla Themes are reviewed and tested for optimal performance. High Quality, Premium Joomla Templates for Your Site

Magia

Corrigiendo A Mr. Crowley - Parte 2

Hay un diálogo que todos los practicantes de Magia conocemos y que más que un lugar común es un sino aciago:

¿... y que más te gusta hacer? Me gusta la Magia ¿Como David Blame? No esa Magia, la otra ¿Cómo en las películas de Disney? Tampoco, a menos que te tomes un ácido ¿Adoras a Satanás? No necesariamente ¿Harry Potter? por ahí va, pero eso es una caricatura, eso no es la Magia ¿Y entonces, qué es la Magia? ...y las infinitas variantes que convergen en ese momento, en el cuál uno se enfrenta al desafío de definir la Magia a alguien más, sometiendo a evaluación externa nuestras creencias personales, las que reinan como axiomas incuestionables en la soledad del palacio de nuestra mente, pero que ante la experiencia del otro, exigen una estructuración distinta.

 

Mi ciencia estudia los cambios en la realidad de acuerdo a la voluntad, y mi voluntad es incuestionable.

A. Crowley en el film La Herencia Valdemar

 

Mientras algunos responden a esta pregunta con conmovedoras referencias a seres de otro plano o a un entendimiento superior de la esencia humana, demostrado por medio de ingeniosos aforismos, también estamos quienes hemos llevado por años la definición de Crowley como as bajo la manga, en alguna de sus múltiples versiones.
Crowley fue un gran esotérico, pero también un gran éxoterico. Entre bailes de sociedad y entrevistas se vio obligado a forjar una definición exenta de la criptografía semántica de los grimorios, algo que pudiera entender una viuda de la alta sociedad, un filólogo o un periodista. Sea cual fuere su intención, esta definición se ha instalado como piedra fundacional de la «Magia de resultados» (si es que hay Magia de otro tipo).

A la luz del estado del arte en ciencia y filosofía de principios del siglo pasado, es una definición innovadora que explica la Magia sin ataduras paradigmáticas, sin juicios de valor y exenta de dramatismo sobrenatural, por el contrario, su formulación en formato de teorema, aspiraba a granjearse el respeto científico en plena revolución industrial.

Sin embargo hoy, la evolución de los sistemas de pensamiento en todos los ámbitos nos enfrenta a una forma de entender la realidad muy distinta, pero para construir una nueva forma de entender la magia, acorde a la complejidad contemporánea, se hace necesario primero destruir los cimientos de la definición arraigada en nuestras consciencias, arar la tierra para sembrar la semilla que dará fruto al árbol del que emergerá un fruto aún desconocido.

A continuación nos abocaremos a la tarea de deconstruir espistemológicamente la fórmula “generar cambios en la realidad según la voluntad”, con el objeto de evidenciar sus estructuras latentes y enfrentarla a nuestra experiencia del fenómeno de la Magia en los albores del siglo XXI, las respuestas a las interrogantes las construiremos juntos más adelante.

I. Generar

Para que el mago sea considerado mago debe generar algo. No concebimos como Magia ningún acto que no produzca algún efecto, por mucha carga simbólica que le demos al acto, si este no es una fuente causal de otros fenómenos, si no genera nada, ya sea la maldición del ejecutante o la iluminación, no es Magia.

La relación causa-efecto goza de un importante estatus en nuestra estructura de pensamiento contemporánea, lo que podemos atribuir a los avances tecnológicos que nos provee la experimentación científica basada en este principio y a que podemos probarla dejando caer un vaso de cristal al suelo. Sin embargo, ni la teoría de la gravedad, ni el conocimiento de la estructura molecular del vidrio reemplazan a la experiencia del instante en que el vaso se estrelló contra las baldosas del piso, es decir, la explicación no reemplaza nunca a ese instante efímero del presente cuando y donde observamos la experiencia del fenómeno. La explicación es un intento, siempre incompleto, de reconstrucción de la experiencia.

Consideremos que todo efecto tiene múltiples causas y toda causa genera múltiples efectos. Tu no estás leyendo este texto porque yo lo escribí, que yo lo escribiese fue necesario para que lo leyeras, como lo es el haber leído lo que he leído, que alguien programara este procesador de texto, el descubrimiento de la electricidad y que mi madre me diera a luz, todas son variables que cambiando de valor harían imposible tu experiencia de lectura en este momento, por lo tanto, son todas ellas de igual importancia. Establecer que el fenómeno A es la principal causa o la más importante del fenómeno B, es un acto arbitrario. A nivel espistemológico la relación causal, es una creencia, no una verdad.

Nuestros más antiguos ancestros no relacionaban el acto sexual con el nacimiento de las crías humanas. El nacimiento de un bebé era un regalo de los dioses, los hijos eran hijos de la tribu. El establecimiento de la creencia causal sexo-procreación es una adquisición posterior de la cultura que actualmente sigue contando con el visto bueno del sentido común y la razón, mientras alguna nueva teoría no compruebe lo contrario, como ocurre siempre en la historia de la ciencia (Pasaron siglos para que llegara Newton a refutar a Aristóteles en algo tan evidente como la velocidad de caída de un martillo y una pluma).

Tengamos en cuenta que nada ocurre en el pasado ni en el futuro, todo lo que ocurre, ocurre siempre en el presente, por lo tanto, todo es simultáneo. A pesar de que comprendamos el tiempo a partir de este silogismo, nuestra estructura cognitiva no está capacitada para procesar una realidad de presente continuo, por lo que necesitamos construir el tiempo, un reductor de complejidad que nos permite organizar de forma digerible nuestra experiencia del fenómeno de la realidad. La relación causa-efecto es componente estructural del tiempo desde antes que hubiesen relojes, por ejemplo las guerras entre tribus, los matrimonios, la entrega de dones, eran las formas de organización del tiempo en los inicios de la cultura.

En este contexto cabe la pregunta. Si la relación causa-efecto es una variable crítica en la construcción de esta realidad que buscamos manipular ¿No debiésemos socavarla en vez de ensalzarla, revertirla en vez de validarla? Una duda lleva a la otra, la inclusión de un verbo indica una acción, la cual es en por naturaleza causal y por tanto esclava del tiempo, ¿Es la Magia una acción?

II. Cambio

El ritual debe generar un cambio en la realidad, de lo contrario fue solo un lindo ejercicio teatral. Desde un enfoque materialista de principios del siglo XX, generar cambios se alzaba como un desafío digno de de un mago. Pero resulta que en nuestros días la única constante es el cambio, axioma que se ha constituido en lugar común, desde los debates académicos hasta las conversaciones coloquiales.

Se habla de la cultura del cambio, que vivimos en una época de cambio permanente, hay que saber adaptarse a los cambios, unos le temen otros lo buscan, todo es variable, las constantes solo existen en el mundo imaginario del álgebra, un Nobel dijo que todo es relativo, etc. Lo que alguna vez fue tachado de charlatanería posmoderna hoy se ha convertido en piedra angular del pensamiento humano. Pero entonces, parafraseando a Violeta, si todo cambia, el cambio no es lo extraño, es la norma, es lo que podemos esperar. Lo anómalo, lo extraño, lo interesante de observar, es lo que permanece, las estructuras.

Miramos cada mañana por la ventana y vemos el mismo paisaje, a pesar de que los árboles cambien sus hojas, se construyan nuevas viviendas en las laderas de los cerros, que el color del cielo varíe acorde a la estación, para nosotros, con sus cambios, es el mismo lugar, como lo es el cuerpo que vemos cada mañana ante el espejo, a pesar de que cada día estemos más viejos, seguimos siendo los mismos. Este fenómeno evidencia la existencia de las estructuras.

La forma emerge del caos informe. La forma inodoro no existe en un plano metafísico. Las formas son reductores de complejidad que construimos para organizar el caos de la realidad que experienciamos. Nosotros existimos solo en la experiencia de autobservarnos como una identidad, una forma distinta a todo lo demás, un límite dibujado arbitrariamente sobre el caos. Para la biología no existimos como unidad, somos un ecosistema formado de millones de organismos, si uno de ellos no existiera, no podríamos sobrevivir en nuestro hábitat actual, pero para cada uno de esos bichos su existencia es la vital, así como la nuestra lo es para nosotros. Para la física, a nivel de las partículas que componen nuestra materia, nada nos distingue del inodoro, de hecho nada existe independiente de un observador que, en su observación, construye las formas.

La idea del cambio también está estructuralmente ligada al tiempo, el cual medimos por el cambio de posición de las manecillas del reloj. El tiempo, como reductor de complejidad que nos permite ordenar la realidad, tiene como condición de emergencia el cambio, lo que nos permite observar relaciones causales y con ello ordenar pasado y futuro, aunque siempre desde el presente.

Imagina que en este momento, se detiene el tiempo.

En este contexto cabe la pregunta. Si el cambio es la norma, generar cambios no es solo fácil, sino inevitable, entonces ¿Es necesario hacer Magia para generar cambios? Quizás la Magia debiese enfocarse en lo estructural, lo que se desea conservar, en vez de lo que se desea cambiar.

III. Realidad

Vivimos la era de la razón, donde la perspectiva científica ha iluminado el oscurantismo medieval que envenenaba las mentes de los hombres con metafísica, hoy creemos solo lo que podemos ver y comprobar. De este enfoque emerge la realidad que buscaba modificar Crowley (tácitamente, ya que esta palabra no está en su definición original) mediante la Magia, sin embargo, este convencimiento materialista de que las cosas existen más allá de la experiencia que tenemos de ellas ¿No es acaso pura metafísica?

Nuestras percepciones sensoriales siguen siendo la principal fuente de lo que consideramos real, a pesar de que hace mucho la epistemología científica nos enseñó a dudar de los sentidos, que nos engañan fácilmente, por ejemplo, cuando soñamos. Los perros escuchan frecuencias invisibles para nuestros oídos, la forma en que las aves ven desde el cielo es algo que apenas podemos imaginar. No es que nuestros sentidos sean limitados, están configurados de una determinada forma, la cual es arbitraria y existen otras. Además, los mensajes de los sentidos que incorporamos a nuestra experiencia de realidad son solo los que podemos procesar, solo vemos lo que sabemos.

Los griegos tenían los mismos órganos visuales que nosotros a nivel orgánico, sin embargo no veían ni el azul ni el verde, en toda su literatura no hay ninguna palabra que denomine estos colores. Si le quitamos el valor absoluto a la realidad sensorial, cobran sentido las palabras de William Blake, para quién el cuerpo era solo la parte del alma que podíamos discernir con los sentidos en este estadio del desarrollo humano.

Por otro lado tenemos que el gato de Shrodinger está vivo y muerto a la vez, mientras un observador no abra la caja, la velocidad y masa de un objeto varían según la posición del observador, los átomos existen en un horizonte de posibilidades y solo fijan su posición ante la presencia de un observador. Aunque vayan en contra del sentido común, son axiomas de la investigación actual en ciencias duras, pintándonos una realidad dependiente del observador que la experimenta, más que de una sustancia material trascendente a nuestra experiencia, cuya existencia sigue siendo imposible de demostrar. La consciencia que experimenta la realidad en el acto de observarla, la construye.

No caigamos en la trampa. Si todo lo que existe es solo una creación libre de mi imaginación, entonces tú, lector, eres una invención mía, sin embargo yo no puedo decidir tu opinión sobre lo que estás leyendo (por más que quisiera), tu experiencia de lectura es totalmente inaccesible para mi, como lo es para ti mi experiencia estar escribiendo estas palabras ya que ambas ocurren en tiempos y espacios distintos, pero al mismo tiempo, yo soy solo un invento de tu imaginación. Desde el momento que incluimos al otro en la ecuación, como una identidad independiente y de valor de existencia equivalente al nuestro, la lógica del solipsismo se desarma.

Volvamos al momento en que emergió esa primera identidad, la primera autobservación de ser algo distinto de todo lo demás. Para esta solitaria consciencia primigenia, todas las percepciones serían absolutas e incuestionables, por lo que no requiere del concepto de realidad, no lo necesita para procesar su experiencia hasta la aparición de un otro válido. La observación de la existencia de otras consciencias equivalentes pero independientes a la nuestra, genera incertidumbre sobre la interpretación en las observaciones de los fenómenos que conforman nuestra experiencia. Para solucionar este problema emerge la comunicación desde el acoplamiento estructural de estas identidades, solo entonces la diferencia real / no real se hace funcional como reductor de complejidad, por lo tanto, toda realidad es una realidad social y existe solo en la comunicación. Entonces ¿cuál es la realidad que queremos cambiar?

IV. Voluntad

La voluntad, como fenómeno, tiene condiciones de emergencia sin las cuales no la consideramos como parte de nuestra observación de la realidad: debe haber un objetivo y alguien que desee alcanzarlo, sin estas condiciones de emergencia la voluntad no se manifiesta. Podemos filosofar sobre la naturaleza de la voluntad, pero, nuevamente, la explicación no reemplazará nunca al fenómeno, por lo que el ejercicio reflexivo de observar como observamos la realidad, es un enfoque que nos puede dar luces para su entendimiento.

Para que haya voluntad, debe haber un “objetivo”, una determinada configuración de variables que tenemos la expectativa de lograr en el futuro. Tengamos en cuenta que el tema de los objetivos no solo es recurrente dentro de los practicantes de la Magia, es un concepto estructural de la realidad contemporánea.

Cuando se empieza a operar en Magia, uno de los primeros concejos que escuchamos es “ten claridad en tu objetivo-propósito-intención-voluntad” de la misma forma que los resultados de una experimentación científica se evalúan según los objetivos planteados en la investigación que lo sustenta. No es extraño que la cultura empresarial y el desarrollo de las teorías de mercado hayan dado a los objetivos un rol protagónico, la eficiencia de las organizaciones mide el cumplimiento de los objetivos, por eso lucen en las rendiciones de cuenta de pequeñas empresas y transnacionales, así como en los planes de estudios hay objetivos pedagógicos, etc.

Enfrentemos la paradoja: sin objetivo, el fracaso no existe. Imagina que sales a correr, mientras no fijes una meta, ya sea de competición, distancia o constancia, el fracaso no existe como parte de tu experiencia de correr, durante la cual emocionalmente puedes estar pensando en muchas cosas o simplemente corriendo.

El problema de las metas, es que se establecen con información del presente, fijando una una expectativa en el futuro, del cual lo único que podemos decir con certeza es que será distinto de la situación presente debido a la incertidumbre asociada a la observación actual del crecimiento exponencial en la complejidad, entendida como la cantidad de combinaciones posibles en la realidad. En resumen, establecer un objetivo probabiliza el fracaso, en efecto, y sin ánimos de ser pesimista, si observamos la realidad social en distintos planos, podemos observar que el fracaso es más recurrente que el éxito.

Más allá de las ideologías, siempre escasean los exitosos y los fracasados son legión, hay pocos patrones y muchos esclavos, pocos dioses y muchas almas. Para que exista la realidad en su forma actual, requiere de la desigualdad, es un elemento estructural el cual se funda en la baja probabilidad de que las voluntades logren sus objetivos ¿Es este el mejor camino para lograr Magia efectiva?

Imprimir