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Magia

De qué hablamos, cuando hablamos de Magia.

Magia: semántica elaborada para la instalación de causalidades en el lado desconocido de la realidad que manifiesten anomalías en nuestra experiencia de lo familiar.

 

...la magia y otros desarrollos religiosos relacionados con ella (como los mitos y los ritos) vigilan los límites de lo desconocido.

Niklas Luhmann

 

Convengamos que no todo es Magia. Aunque uno pueda creer en la Magia como energía trascendente que mantiene la unidad del universo o que todo lo existente es manifestación de la Magia como fuerza divina de la creación (u otra creencia unificadora), para que un concepto sea operativo en el procesamiento de nuestra experiencia de la realidad, debe distinguir el objeto indicado de todo lo demás, de lo contrario no es posible la observación de la Magia como forma.

Las formas, es decir, todas aquellas cosas que distinguimos en nuestra experiencia de la realidad, operan de manera binaria, tienen dos caras. Cuando decimos mesa, al mismo tiempo estamos señalando que todo lo demás no lo es. En términos lógicos, la forma mesa divide al mundo en mesa/no-mesa. Y así como hay muchas mesas diferentes, la Magia tiene distintas expresiones en la comunicación, por lo que es en la exploración de estas manifestaciones donde encontraremos la igualdad en la diferencia, el ultraelemento que hace posible la observación dentro del concepto Magia de una gama de fenómenos disímiles, pero en su conjunto distintos a todo lo demás, para así construir una descripción operativa de la forma Magia/no-Magia.

Nos resulta natural entender la Magia como una práctica, ya que nos reconocemos como magos en tanto registramos la experiencia de hacer Magia. Sin embargo la Magia no es una acción como correr, la palabra que la identifica es sustantivo y no verbo, no se conjuga, uno no «maguea», uno «hace Magia», como quien hace deporte. Por otra parte, las mismas acciones que el mago lleva a cabo durante el ritual las encontramos en otros contextos: podemos hacer dibujos por pretensión artística, ataviarnos con vestiduras exóticas para una fiesta de disfraces, recitar largos textos en contextos académicos, matar un animal para alimentarnos o prender incienso para enmascarar los olores del baño, pero la condición mágica de los sigiles, los ropajes sagrados, la conjuración, los sacrificios o el sahumerio depende de la estructura de significados que les atribuyamos.

La Magia como adjetivo, ya sea para denominar un “acto mágico” o una “noche mágica”, nos permite acercarnos a su calidad de atributo, como propiedad con la que caracterizamos los fenómenos que observamos y que puede estar presente o no. Cierra los ojos y haz un rápido recuento aleatorio de recuerdos, de situaciones, de objetos, de personas y casi sin pensar haz la operación binaria de determinar a cuales les asignas el atributo mágico y a cuales no. Con este simple ejercicio reflexivo podemos empezar a desvelar las estructuras latentes que determinan nuestra distinción del fenómeno mágico.

Podemos distinguir que la observación de la anomalía es el ultraelemento, la unidad en la diferencia, entre los fenómenos que actualizan en la experiencia la presencia de lo desconocido. La Magia se manifiesta ante lo inesperado, en las sincronías y serendipias, ante aquello que perturba la estructura de expectativas del devenir. Emerge entonces la necesidad de configurar nuestro programa de observación para que sea capaz de procesar la experiencia del fenómeno anómalo, instalando su fuente causal en el lado desconocido de la realidad, lo inexplicable. La anomalía dibuja la forma Magia.

Al operar usando la anomalía como límite, estamos en condiciones de describir el fenómeno. De esta operación emerge la forma Magia/cotidiano, si el fenómeno que observamos no resulta sorprendente, no es Magia. Otra manifestación de esta forma es Magia/determinismo, cuando el acto mágico es capaz de doblarle la mano a la inercia del acontecer. Podemos observar también la forma Magia/razón, entendida como aquello que es explicable, la que a su vez nos lleva a su forma más primitiva: Magia/perceptible. En todos los ejemplos, si nos fijamos en el lado no marcado de la forma (cotidiano, determinismo, razón, perceptible) la Magia se presenta como diferencia de lo conocido, de aquello que nos resulta familiar (no-Magia).

Cabe acotar que con la utilización del concepto “familiar” para describir la forma familiar/desconocido (propuesta por Niklas Luhmann) no nos estamos refiriendo ni a la familia ni a los sirvientes de la antigua brujería europea, hacemos referencia a aquella parte de la realidad que nos resulta familiar. Usar el término “conocido” llevaría a confusión, ya que si bien no conocemos como se realiza un trasplante de corazón, si leemos sobre uno en la prensa, nos resultará algo familiar. “Cotidiano” tampoco es un buen término, ya que si bien la realización del trasplante nos resulta familiar, no es un fenómeno que se observe a diario, ni siquiera en la cotidianidad del médico.

En algún punto de nuestra evolución social, se estructuró un límite dentro de la realidad cuya frontera demarcaron los sentidos. Las percepciones sensoriales fueron el medio que posibilitó la emergencia de las formas físicas (con las que nos volvimos muy hábiles con el tiempo), que en su conjunto conformaron la realidad tangible, el mundo de lo familiar. Sin embargo para que podamos observar una realidad material, para que este concepto nos resulte operativo en nuestro procesamiento del fenómeno de la realidad, necesita del otro lado de la forma, el lado no marcado de la distinción, lo desconocido. En otras palabras, sin metafísica, no hay física.

Antiguamente los límites de lo familiar estaban más cerca y se podían señalar con un simple gesto: más allá de la cima de esas montañas o más allá del mar comenzaba un mundo del que lo único que se sabía a ciencia cierta es que era distinto a lo conocido. A lo largo del desarrollo del pensamiento humano se han ampliado los límites de lo posible, hoy las anomalías se procesan mediante el sistema de la ciencia y se normalizan por los medios de comunicación masivos, creando la imagen de que si bien hay tanta información que nadie puede saberlo todo, siempre habrá alguien que sepa.

Al enfrentarse a la observación de lo desconocido, la humanidad se vio en la necesidad de generar una semántica elaborada (un sistema funcional de significados) para procesar aquello que estaba más allá del entendimiento, lo anómalo, pero sin excluirlo como punto ciego, ya que el “más allá” es necesario como punto de referencia para ubicar el “más acá” y por tanto se constituye en requisito estructural de la realidad.

La Magia emerge y se instala como logro evolutivo, gracias a que su semántica elaborada es capaz de manifestar la forma familiar/desconocido en la experiencia, es decir que reingresa la forma íntegra, con sus dos caras en el más acá, permitiendo así la observación de la diferencia en lo familiar, pero nunca hace conocido lo desconocido, en cambio hace manifiesta la actualidad de la diferencia en la anomalía. Dios no es humano, por tanto su estructura cognitiva no puede ser semejante a nuestra psiquis, sin embargo le atribuimos acciones y emociones humanas que son parte de nuestra familiaridad. El chamán baila, fuma y canta, todas acciones conocidas, pero al atribuirles relación con lo desconocido dota de sentido y significado al ritual que realiza invistiéndole de la capacidad de traer la lluvia a pesar de la sequía.

En resumen, cuando el mago traza en el aire el pentagrama con su daga ceremonial, la acción que realiza propicia la emergencia de distintas posibilidades semánticas para procesar la experiencia. Es en ese momento cuando la Magia emerge como posibilidad de selección, otorgando sentido a una conducta que en otro contexto sería ridícula.

La misma acción podría encontrar otro tipo de semántica, por ejemplo en el contexto de una obra teatral, pero ambas cumplen funciones distintas, mientras el actor busca la representación de la obra artística, el mago pretende la emergencia de una anomalía que actualice en su experiencia la voluntad que ha decretado.

Desde esta posición de observación definimos la Magia como una semántica elaborada, cuya estructura de sentido permite instalar relaciones causales en el lado desconocido de la realidad, con el objeto de que se manifiesten anomalías en nuestra experiencia de lo familiar, es decir, es el sistema de significados que dota de sentido a las acciones del mago, permitiéndole operar su voluntad más allá de las fronteras de lo posible para actualizar su propósito en la realidad.
 

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