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Filosofía

Eso no es evolución

“Evolutivo” es un adjetivo que ha sido manoseado hasta el hartazgo por los mercaderes de la espiritualidad. En el hablar cotidiano, la palabra evolución está cargada de un halo de superioridad, como al referirnos a especímenes involucionados. Antes de hablar de evolución, limpiaremos el fango moral con el que Spencer cubrió la teoría de Darwin para justificar los privilegios de las clases dominantes de su época.

Entendamos cómo opera la evolución. Imagina un osito entrando a la pubertad, con una explosión de hormonas que gatillan su instinto reproductivo. Este estado lleva al osito, que no sabe de tabúes, a cruzarse con su hermana osita y de esta relación nace un osito albino. Si la historia transcurre en el bosque, el osito blanco será rápidamente visto por sus presas, lo que le dificultará la caza y con ello su posibilidad de aparearse. En cambio, si la historia ocurre en el ártico, del osito albino emergerá la especie de los osos polares, ya que podrá camuflarse, cazando más y con ello aumentando la posibilidad de reproducirse, perpetuando así los efectos de la incestuosa mutación.

Lo anterior no quiere decir que existan especies o especímenes más o menos adaptadas que otras a su entorno. Desde el punto de vista biológico, un organismo está adaptado o está muerto. La teoría de la evolución es una propuesta descriptiva de la diversidad biológica, desde una perspectiva histórica, no hace referencia a apreciaciones morales sobre qué mutación es mejor o peor. Darwin tampoco habla de “involución”, ya que incluso en el caso hipotético de una especie que recobrara un rasgo perdido a lo largo de su deriva evolutiva, este rasgo será una nueva mutación que se conservará o perderá según entorno en el que se desarrolle. La evolución no retrocede. Darwin tampoco habló de “supervivencia del más apto”, eso fue culpa de Herbert Spencer.

El tercer tercio del siglo XIX vio la proliferación en Europa del darwinismo social, una ideología con pretensiones filosóficas y supuestas bases científicas que fue fundamento de las distintas expresiones fascistas de principios del siglo XX. Nace en Inglaterra como tergiversación del evolucionismo que sirvió como fundamento para justificar la superioridad de la aristocracia gobernante y con ello, la colonización, la esclavitud y el resto de los horrores que fueron pilares de la riqueza inglesa, convirtiendo a Spencer en el pensador más famoso de su época, pero que fue completamente invalidado por la academia hacia 1900.

Sin embargo, desde el new age, encontramos espurios esfuerzos por explicar ciertas ideologías espirituales desde la teoría científica, que hoy perduran en las terapias cuánticas, fenómeno que podemos explicar entendiendo que la primera mitad del siglo XX fue testigo de las más terribles manifestaciones del poder de la ciencia y la tecnología, imponiendo así su forma de observar la realidad.

La incorporación del concepto de evolución por el mundo espiritual occidental, podemos entenderla como una adopción de la forma de observación de las castas hindúes, con la llegada de los maestros espirituales de oriente. Las castas de la India se basan en que hay personas más elevadas en la carrera de la iluminación. Si naciste abajo en la pirámide es porque tienes que purgar karma, pero si te portas bien, tu próxima reencarnación será en una casta posterior, ya que habrás evolucionado espiritualmente. Nosotros como occidentales somos lo más involucionado que existe, desde su particular punto de vista.

Con lo anterior he querido evidenciar las latencias que hay tras el juego de lenguaje que ha construido la espiritualidad a partir del darwinismo social de Spencer, entenderlo como el disfraz de una estructura moral que diferencia, sin justificación, a unas personas que se creen mejores que el resto, ya que autoproclaman estár más “evolucionados”, cuando en realidad quieren que creas que tu estás mal y así venderte su mercancía espiritual.

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